jueves, 1 de octubre de 2015

Y un día entró en esa etapa molesta, dónde en verdad a él lo extraña muchisimo, lo sigue amando, pero lo que más siente ausencia es del contacto físico, ese vacío en la 1/2 plaza de su cama.
Ella no podía ir robando besos en la calle, ni pedir a cada hombre que encontraba sólo entre las góndolas de supermercado un abrazo, era una loca si lo hacía. O pedir algun compañero del trabajo que la tome por completo.

Por eso ella siempre trataba de contenerse, porque era siempre esas ganas de que la abracen y la besen y más cosas, que ella accedía a verse con gente indeseable, con esos que solo supieron calentar las sabanas y enfriar más su corazón. No quería caer de nuevo, como si fuera una adicción, en tinder o happen o cualquier otra aplicación que le hiciera creer que podía calmar esas ganas y seguir con una sonrisa oreja a oreja. 
Porque ella sabía en el fondo, que era imposible separar su corazón en la habitación y ellos sí podían. Esta diferencia era crucial.

Por eso y con la ayuda de un par de amigas, exiliada de toda la parafernalia del "fantástico" mundo de los solteros ella preferia encerrarse con un chocolate a ver Netflix y esperar a que algún día alguien llenara más esa cama que sus películas y su cadbury con almendras.

Por el momento solo apretaba play y apaga la luz de su velador, así por un par de horas podía ser amada, besada y amada, aunque sea todo dentro de su smart TV.




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